Estas son las formas más directas de reducir la huella de carbono de tu empresa.

La expresión “huella de carbono” la escuchamos cada vez más en noticias, informes y conversaciones de trabajo, pero no siempre nos queda claro qué significa de verdad ni hasta qué punto afecta a una empresa. Sin embargo, entenderla en profundidad se ha convertido en una cuestión de responsabilidad, de competitividad y, sobre todo, de supervivencia empresarial. Cada vez son más los negocios que apuestan por una cultura sostenible, y lo mejor es que no lo hacen solamente por subirse al carro de la “moda de la sostenibilidad”: sin duda, han descubierto un beneficio real en su reputación, en su ahorro energético y en la capacidad de adelantarse a las exigencias normativas que se avecinan.

Puede que en este punto estés pensando que no todas las empresas contaminan, ¿verdad? Y, por ende, no les preocupa este tema. Sin embargo, desde aquí te aclaramos que todas las empresas, (desde la más pequeña hasta las multinacionales) generan impacto ambiental; lo que cambia es la intensidad y la forma. Algunas lo hacen a través de sus procesos productivos, otras por sus desplazamientos, otras por el consumo energético de sus instalaciones y otras simplemente por la gestión de residuos o la logística.

Es un hecho: no existe la actividad económica sin impacto ambiental, pero sí existen caminos para disminuirlo. Además, seguir este camino transmite un mensaje de compromiso que los consumidores de hoy en día valoran más que nunca.

Entendamos por fin qué es la famosa huella de carbono.

La huella de carbono es la cantidad total de gases de efecto invernadero que genera una actividad, empresa o persona. Estos gases incluyen dióxido de carbono, metano, óxido nitroso y otros que, aunque se emitan en menor cantidad, atrapan más calor en la atmósfera. No se trata únicamente de lo que una empresa quema o consume dentro de su propio espacio, sino también de lo que produce de manera indirecta. Por ejemplo: la energía que utiliza el edificio, el transporte de la mercancía, la fabricación de los materiales que una empresa compra o incluso los desplazamientos del personal.

Zeolos sostiene que existen tres tipos de alcances en torno a la huella de carbono corporativa: emisiones directas, indirectas de energía y otras emisiones indirectas (como el transporte).

Entonces, ¿por qué debería importarte? En realidad, es sencillo de comprender.

  • Lo primero: porque cada vez más empresas y administraciones están exigiendo informes de impacto ambiental como requisito para contratar.
  • En segundo lugar: porque reducir la huella de carbono se traduce en una bajada de gastos, (especialmente en consumo energético).
  • Y, por último, porque la percepción pública de una empresa comprometida con el medio ambiente es más que un eslogan vacío: influye directamente en la fidelidad de clientes, en la atracción de talento y en la construcción de una marca con valores sólidos.

De esta forma queda demostrado que la huella de carbono es un indicador real y medible que ayuda a diagnosticar dónde está fallando una empresa en su relación con el entorno. En otras palabras: es necesario cuidarla si queremos que nos vaya bien en la empresa.

¿Qué tipos de empresas contaminan más?

Por supuesto no todas contaminan de la misma manera ni en la misma cantidad. Eso sí: como dijimos anteriormente, todas generan emisiones. Algunas por fabricación, otras por transporte, y otras por consumo energético.

Las más intensivas suelen pertenecer a sectores muy concretos:

  1. Industria pesada y manufactura.

La fabricación de materiales como acero, cemento, cerámica, productos químicos o piezas industriales suele ser uno de los grandes emisores. Consumir energía en procesos a altas temperaturas dispara las emisiones directas e indirectas.

  1. Transporte y logística.

Empresas con flotas de camiones o con movimiento constante de mercancías generan un volumen considerable de emisiones, incluso cuando intentan optimizar rutas.

  1. Construcción.

Entre desplazamientos, maquinaria pesada y materiales, este sector es uno de los más complejos de descarbonizar.

  1. Agricultura y ganadería intensiva.

Pues emite metano, óxido nitroso y CO₂ a gran escala.

  1. Oficinas y empresas de servicios con alto consumo energético.

Aunque parezcan más “limpias”, una gran infraestructura llena de servidores, climatización o iluminación puede generar más emisiones de las que imaginamos.

Dicho esto, entendemos que incluso una pequeña empresa local puede estar emitiendo más de lo que piensa si la energía proviene de fuentes convencionales, si se realizan muchos desplazamientos diarios o si el sistema de gestión de residuos no está actualizado: por eso es tan importante tomar acciones realistas, adaptadas a cada caso.

Formas directas, realistas y útiles de reducir la huella de carbono.

A continuación, mencionaremos acciones que realmente pueden generar un impacto positivo a la hora de reducir la huella de carbono. Todas ellas se pueden aplicar a empresas pequeñas, medianas o grandes, adaptándolas al nivel de actividad de cada una:

  • Transición a energías renovables.

Una de las medidas más útiles es contratar energía procedente de fuentes renovables. La mayoría de comercializadoras ofrece tarifas verdes verificadas. Con este simple gesto, una empresa reduce directamente una parte enorme de su huella indirecta, sobre todo si su consumo energético es alto.

En los casos donde sea posible instalar placas solares, la reducción es todavía mayor. Muchas compañías están adoptando sistemas de autoconsumo compartido, que consienten abastecer varias naves o edificios desde una misma instalación.

  • Renovación de equipos y mejora de la eficiencia energética.

Esto incluye desde cambiar la iluminación a LED, hasta instalar sistemas de climatización más inteligentes. A veces subestimamos cuánto gasta un aparato antiguo funcionando a diario, pero un simple cambio de tecnología puede tener un impacto ambiental y económico más profundo de lo que imaginamos.

Además, mejorar el aislamiento térmico en oficinas o naves industriales reduce considerablemente la cantidad de energía necesaria para mantener la temperatura.

  • Perfeccionar el transporte y la movilidad.

Es una de las áreas más olvidadas y, al mismo tiempo, de las más contaminantes; tanto los desplazamientos internos como externos deberían revisarse con lupa.

Algunas acciones útiles que se pueden tener en cuenta son:

  • Reducir viajes presenciales cuando pueda trabajarse a distancia.
  • Incentivar el uso de transporte público para empleados.
  • Apostar por vehículos eléctricos o híbridos en la flota corporativa.
  • Implementar rutas inteligentes para transporte de mercancías.

Es un hecho: muchas empresas obtienen grandes resultados simplemente reorganizando su logística.

  • Revisar a fondo la cadena de suministro.

Gran parte del impacto ambiental de una empresa no se produce dentro de su sede, sino fuera. La fabricación de materiales, la extracción, el embalaje y la logística internacional forman un volumen enorme de emisiones invisibles.

Revisar proveedores y elegir aquellos con certificados ambientales o políticas sostenibles puede reducir la huella de carbono de forma significativa. Además, trabajar con proveedores de la zona disminuye desplazamientos y fomenta la economía cercana.

  • Disminución del consumo y la generación de residuos.

A veces no hace falta cambiar toda la infraestructura; basta con revisar los hábitos diarios.

  • Reducir papel y apostar por la digitalización.
  • Evitar plásticos de un solo uso.
  • Mejorar los sistemas de reciclaje y compostaje.
  • Analizar cuánta materia prima se desperdicia y cómo puede optimizarse.

El residuo es energía mal gestionada, no sólo basura.

  • Medir, registrar y analizar los datos.

Lo que no se mide no existe, y sin datos no se puede avanzar. Para reducir la huella de carbono hay que conocerla primero.

Registrar consumos energéticos, desplazamientos, horas de maquinaria activa o el origen de los materiales ayuda a entender qué sectores requieren más atención. Por suerte, hoy en día existen consultoras y plataformas digitales que facilitan este proceso, y para muchas empresas se ha convertido en una herramienta imprescindible para cumplir con normativas y acceder a ayudas públicas.

  • Sensibilizar a los equipos y crear una cultura sostenible.

No todo depende de sistemas o infraestructuras; la implicación del equipo es fundamental. Una empresa que informa, forma y motiva a sus trabajadores consigue resultados más sólidos y consistentes.

Esto abarca desde pequeños cambios (como recordar apagar ordenadores al finalizar la jornada) hasta iniciativas más amplias (como programas de voluntariado, metas de reducción de residuos o la creación de departamentos o responsables de sostenibilidad).

El impacto real para tu empresa.

No es un mito: las compañías que han implementado este tipo de políticas de reducción de huella de carbono han notado un ahorro considerable en electricidad, combustible y mantenimiento. También han visto una mejora importante en la reputación y en la atracción de talento joven, que suele valorar mucho las empresas comprometidas con el medio ambiente.

Además, cada vez es más habitual que grandes marcas, cadenas o administraciones pidan certificaciones ambientales para colaborar; por ende, aquellas empresas que no se actualicen pueden quedarse atrás, incluso aunque funcionen bien económicamente. En otras palabras: la sostenibilidad ha dejado de ser una opción, pues ahora es sin duda un pilar estratégico para garantizar el éxito de la empresa.

Sabemos que implementar cualquier tipo de cambio puede parecer complejo al principio, pero se volverá más sencillo cuando se empiecen a ver los resultados. Hoy contamos con herramientas, recursos y alternativas que ayudan a cualquier empresa a iniciar la transición. No hace falta revolucionarlo todo de golpe: lo importante es asumir el compromiso y empezar.

El resto, como suele ocurrir, se va construyendo poco a poco.

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