Los centros de datos de nueva creación se diseñan para responder a unas necesidades muy diferentes de las que existían hace apenas unos años. El crecimiento de la inteligencia artificial, los servicios en la nube, el vídeo en línea y el procesamiento masivo de información está elevando la potencia necesaria dentro de cada sala. Como consecuencia, los proyectos actuales combinan equipos informáticos de alta densidad con sistemas eléctricos, térmicos y digitales capaces de mantenerlos disponibles de forma continua.
Una de las transformaciones más evidentes se encuentra en los servidores destinados a inteligencia artificial y computación de alto rendimiento. Estos equipos agrupan procesadores gráficos, unidades centrales y aceleradores especializados para ejecutar numerosos cálculos en paralelo. Las llamadas fábricas de inteligencia artificial integran chips, redes, almacenamiento, suministro eléctrico, refrigeración y programas de gestión dentro de una arquitectura coordinada, en lugar de tratar cada elemento como una instalación independiente.
La elevada concentración de componentes ha aumentado considerablemente la potencia de los racks. Un armario informático convencional podía funcionar con cargas relativamente moderadas, pero los destinados a entrenar modelos avanzados pueden requerir decenas o incluso centenares de kilovatios. Esta realidad obliga a reforzar cuadros, canalizaciones, protecciones y unidades de distribución, además de prever desde el proyecto inicial futuras ampliaciones sin tener que reconstruir toda la infraestructura.
La refrigeración líquida directa al chip es una de las soluciones que más presencia está adquiriendo. En estos sistemas, unas placas frías se colocan sobre los procesadores que generan más calor. Por su interior circula un fluido que recoge esa energía térmica muy cerca del punto en el que se produce y la transporta hasta unidades de intercambio. El aire continúa utilizándose para otros componentes, pero deja de asumir por sí solo toda la carga térmica. La implantación de esta tecnología se está acelerando precisamente en instalaciones con hardware de inteligencia artificial de alta densidad.
Las unidades de distribución de refrigerante, conocidas como CDU, controlan el movimiento del líquido entre los equipos informáticos y el circuito general del edificio. Estos dispositivos regulan la presión, la temperatura y el caudal, al tiempo que separan ambos circuitos mediante intercambiadores. De esta forma, el fluido que entra en contacto con los servidores puede mantenerse bajo condiciones muy precisas y no depende directamente de la calidad del agua utilizada en el resto de la instalación.
Otra alternativa son los intercambiadores situados en la puerta trasera de los racks. El aire caliente expulsado por los servidores atraviesa una puerta equipada con un circuito líquido que absorbe buena parte del calor antes de que regrese a la sala. Esta solución permite aumentar la densidad sin modificar completamente la construcción interior de los servidores y puede combinarse con la climatización tradicional en proyectos híbridos.
La refrigeración por inmersión representa una opción más especializada. Los servidores se introducen en depósitos llenos de un líquido dieléctrico, capaz de captar calor sin conducir electricidad. Esta configuración elimina muchos ventiladores y permite trabajar con cargas muy concentradas, aunque requiere equipamiento compatible y procedimientos de mantenimiento diferentes. Su uso se reserva principalmente para determinadas aplicaciones de alto rendimiento en las que la densidad justifica una transformación profunda del entorno técnico.
A pesar del avance del líquido, la refrigeración por aire continúa siendo habitual en muchas áreas. Las salas modernas recurren a pasillos fríos y calientes separados, paneles de confinamiento y unidades que impulsan el aire exactamente donde se necesita. El objetivo es evitar que el flujo frío se mezcle prematuramente con el aire ya calentado por los servidores. Sensores repartidos por las filas permiten conocer la temperatura real en distintos puntos y corregir desequilibrios.
Los circuitos de agua helada también han evolucionado. En grandes complejos se organizan mediante varios lazos que conectan enfriadoras, bombas, intercambiadores y equipos de rechazo de calor. Los diseños deben atender simultáneamente a las cargas refrigeradas por aire y a las que utilizan líquido directo. La configuración elegida condiciona la eficiencia, la capacidad de ampliación y la respuesta ante la avería de uno de los componentes.
La recuperación del calor empieza a incorporarse en determinados proyectos. El agua que sale de los racks puede alcanzar una temperatura aprovechable para climatizar oficinas, producir agua caliente o alimentar redes térmicas cercanas. Cuanto mayor es la temperatura de retorno, más sencillo resulta reutilizar esa energía. Los nuevos servidores refrigerados por líquido están aumentando los márgenes térmicos con los que puede trabajar la instalación, favoreciendo el aprovechamiento del calor que antes se expulsaba directamente al ambiente.
La alimentación eléctrica se apoya en arquitecturas redundantes que permiten mantener la actividad cuando falla una línea. Los data centers incorporan transformadores, cuadros de media y baja tensión, sistemas de alimentación ininterrumpida y generadores de respaldo. La novedad no reside únicamente en duplicar equipos, sino en supervisar de manera digital cada tramo y redistribuir las cargas cuando aparece una anomalía.
Las baterías de ion-litio están sustituyendo gradualmente a algunas soluciones tradicionales de plomo. Ocupan menos espacio, ofrecen una vida útil diferente y permiten conocer con mayor precisión el estado de cada módulo. Su gestión electrónica controla temperatura, tensión y ciclos de carga, lo que facilita detectar degradaciones antes de que comprometan la autonomía. En ciertos centros también se estudian baterías de mayor duración y otras tecnologías de almacenamiento para apoyar la red durante periodos más prolongados.
Las microrredes constituyen otro recurso para integrar distintas fuentes energéticas, tal y como nos recuerdan los técnicos de Servicios Industriales de Gestión, expertos en armarios rack para servidores, quienes nos dicen que un sistema de gestión decide cómo combinar la electricidad procedente de la red pública con paneles solares, baterías, generadores, pilas de combustible u otras fuentes locales. También puede aislar el complejo temporalmente cuando se produce una interrupción externa. Los sistemas EMS optimizan el uso de los recursos, mientras que los PMS coordinan en tiempo real los flujos, las protecciones y las operaciones de conexión o funcionamiento en isla.
La distribución interna utiliza unidades inteligentes capaces de medir el consumo de cada rack o incluso de cada toma. Esta información permite saber qué cliente, servicio o conjunto de servidores está utilizando más potencia. También ayuda a evitar sobrecargas y a identificar equipos que permanecen activos sin realizar un trabajo útil. Los datos eléctricos se combinan con los térmicos para comprender la relación entre procesamiento, gasto energético y calor generado.
En materia de comunicaciones, los nuevos centros emplean redes de muy alta velocidad y baja latencia. Las cargas de inteligencia artificial necesitan que miles de procesadores intercambien información de forma constante, por lo que la red deja de ser un elemento auxiliar y se convierte en una parte crítica del sistema de cálculo. Se utilizan conexiones ópticas, arquitecturas leaf-spine y tecnologías específicas para enlazar aceleradores con el menor número posible de saltos.
La virtualización de la red permite crear segmentos separados mediante software sin instalar una infraestructura física distinta para cada servicio. Así pueden configurarse entornos para diferentes clientes, aplicaciones o niveles de seguridad utilizando los mismos conmutadores. Las políticas se aplican de manera automática y acompañan a las cargas cuando se trasladan entre servidores.
El almacenamiento adopta igualmente estructuras distribuidas. En lugar de concentrar todos los datos en una única cabina, la información se reparte entre numerosos nodos que trabajan coordinadamente. Esto facilita ampliar la capacidad añadiendo equipos y mantener el acceso, aunque alguno quede fuera de servicio. Las unidades de estado sólido y las memorias de alta velocidad reducen los tiempos de lectura necesarios para bases de datos, análisis masivo y entrenamiento de modelos.
La gestión diaria se apoya en plataformas DCIM, siglas de gestión de infraestructura del centro de datos. Estos programas reúnen planos, inventarios, consumos, temperaturas, alarmas y capacidad disponible. Los responsables pueden visualizar qué espacio queda libre, qué circuitos alimentan cada rack y cómo afectaría la instalación de nuevos servidores. La información procedente de miles de sensores convierte el edificio en una infraestructura medible en tiempo real.
Los gemelos digitales llevan este concepto un paso más allá. Se crea una representación virtual del centro para simular cambios antes de realizarlos físicamente. El operador puede estudiar cómo variaría el flujo del aire al añadir una fila, qué efecto tendría una nueva carga eléctrica o cómo respondería la refrigeración ante una avería. Esta capacidad reduce la necesidad de experimentar directamente sobre una instalación que debe mantenerse disponible.
La inteligencia artificial también se emplea para gestionar el propio data center. Los algoritmos analizan históricos de consumo, temperaturas, vibraciones y alarmas para detectar comportamientos anómalos. Una desviación aparentemente pequeña puede anticipar el deterioro de una bomba, un ventilador o una batería. El mantenimiento pasa así de apoyarse únicamente en calendarios fijos a priorizar los componentes cuya evolución indica una posible incidencia.
Además, la seguridad física se combina con controles digitales. Los edificios incorporan perímetros protegidos, cámaras, esclusas, lectores de credenciales y sistemas biométricos en zonas sensibles. Cada acceso queda registrado y puede limitarse según la función de la persona. En paralelo, las arquitecturas de confianza cero obligan a verificar continuamente usuarios, dispositivos y aplicaciones, incluso cuando ya se encuentran dentro de la red corporativa.
¿Dónde se encuentran los data centers más importantes de España?
Madrid concentra el principal núcleo de centros de datos de España. La capital y los municipios de su área metropolitana reúnen instalaciones de operadores internacionales, proveedores de servicios en la nube, empresas de telecomunicaciones y compañías especializadas en alojamiento informático. Esta posición dominante se explica por la elevada concentración empresarial, la disponibilidad de numerosas redes de fibra y la cercanía a grandes consumidores de servicios digitales. En 2025, la capacidad madrileña en funcionamiento, construcción y planificación alcanzaba 538 megavatios, situándola entre los diez mercados más destacados de Europa, Oriente Medio y África.
Buena parte de estas instalaciones se distribuye por localidades situadas alrededor de la ciudad, donde resulta más sencillo encontrar parcelas de grandes dimensiones y conexiones con infraestructuras eléctricas. Alcobendas, San Sebastián de los Reyes, Las Rozas, Getafe y Alcalá de Henares forman parte de este corredor tecnológico. La expansión también alcanza a provincias limítrofes como Guadalajara y Toledo, que ofrecen suelo disponible sin alejarse demasiado del ecosistema empresarial madrileño.
Barcelona constituye el segundo gran mercado tradicional. Sus centros se concentran tanto en la ciudad como en municipios del entorno metropolitano, especialmente en áreas industriales bien comunicadas. La capital catalana posee una posición estratégica como punto de conexión mediterráneo y mantiene vínculos directos con diferentes rutas internacionales de telecomunicaciones. La entrada en funcionamiento de nuevas instalaciones de Merlin Properties y Equinix permitió que su capacidad informática creciera un 68 % durante una etapa reciente de expansión.
El desarrollo barcelonés está estrechamente relacionado con la presencia de empresas tecnológicas, universidades, operadores digitales y compañías dedicadas a contenidos audiovisuales. Además, su proximidad a cables submarinos que llegan a la costa mediterránea facilita el intercambio de información con otros países. Operadores como Equinix mantienen centros tanto en Madrid como en Barcelona, con una superficie conjunta de colocación cercana a los 19.000 metros cuadrados.
Aragón se ha convertido en el territorio que más claramente está alterando el mapa español de estas infraestructuras. Amazon Web Services eligió la comunidad para desplegar su región de servicios en la nube y ha anunciado una ampliación de gran escala. Sus emplazamientos se sitúan principalmente en la provincia de Zaragoza y en Huesca, con proyectos en Villanueva de Gállego, El Burgo de Ebro y el parque tecnológico Walqa. Amazon elevó en 2026 su compromiso inversor total en España hasta los 33.700 millones de euros, con Aragón como pieza central de su expansión.
Microsoft también ha escogido Zaragoza para levantar varios campus. La empresa anunció nuevas inversiones para ampliar su presencia en la comunidad, incluyendo un proyecto próximo a Puerto Venecia. La suma prevista para sus diferentes desarrollos aragoneses alcanza varios miles de millones de euros. La disponibilidad de terreno, la generación renovable, la conexión con Madrid y Barcelona y el acceso a redes eléctricas de alta capacidad explican el atractivo de esta región.
Bilbao y su entorno representan otro polo relevante. El País Vasco dispone de una intensa actividad industrial, una posición próxima a rutas de conexión atlánticas y una demanda empresarial especializada. Merlin Properties incluye Bilbao dentro de su estrategia de grandes centros junto con Madrid, Barcelona, Zaragoza y Lisboa. La compañía prevé ampliar la capacidad de su instalación vasca como parte de un plan que podría alcanzar 730 megavatios en sus principales emplazamientos ibéricos antes de 2032.
Por su parte, Valencia está ganando protagonismo gracias a su actividad portuaria, su ecosistema tecnológico y su localización mediterránea. Málaga también atrae proyectos vinculados a su creciente concentración de compañías digitales y a su conexión internacional. Otras regiones, como Extremadura, Cantabria y Castilla-La Mancha, aparecen cada vez con mayor frecuencia en los planes de inversión, especialmente para campus de grandes dimensiones. Los informes sectoriales señalan que el crecimiento empieza a extenderse más allá de Madrid y Barcelona hacia territorios con mejores posibilidades de suelo y suministro eléctrico.