Una dieta sana puede incluir algún capricho

La realidad es la que es: una buena dieta, sana, variada y equilibrada es esencial para gozar de buena salud. Llevar hábitos de vida saludables, entre los que se incluye una buena alimentación, implica una mejor calidad de vida, una mejor respuesta del organismo ante las enfermedades y, por qué no, un placer para el paladar. Comer sano no riñe con el buen gusto y los sabores más intensos y apetecibles.

Gracias a los avances y las investigaciones realizadas, es posible conocer los diferentes componentes de los alimentos y el papel que cada uno de ellos juega en nuestro organismo, lo que ha facilitado el hecho de poder establecer una serie de pautas y recomendaciones en lo que al consumo de alimentos y nutrientes respecta. La finalidad no es otra que poder planificar una dieta adecuada, equilibrada y saludable.

Esto no quiere decir que exista una sola forma de alimentarse adecuadamente. La dieta perfecta es la que mejor se adapta a cada persona. Para dar con ella hay que tener en cuenta una serie de aspectos, aunque a rasgos generales podemos decir que una dieta sana es la que incluye una amplia variedad de alimentos, en cantidades adecuadas y adaptada a cada persona en función de su edad, su sexo, su situación fisiológica y la práctica de actividad física que realice, con la que se cubra las necesidades energéticas y de nutrientes del organismo, haciendo posible que se mantenga un buen estado nutritivo y de salud.

En los últimos años ha surgido el concepto de dieta óptima, que tiene en cuenta otra serie de aspectos importantes además de los incluidos en la dieta equilibrada. Para que la dieta se considere óptima, tiene que cumplir una serie de características de las que hablaremos más adelante.

Dieta óptima y dieta mediterránea se dan la mano

Llevar una dieta equilibrada implica, como hemos comentado, ingerir los alimentos que proporcionen los nutrientes necesarios y adecuados para que el organismo realice todas sus funciones correctamente. Esto proporciona un buen estado de salud y hace que el cuerpo se recupere con mayor rapidez ante la enfermedad o cualquier problema que pueda surgir. Lo que no quiere decir que de forma puntual se pueda dar un capricho al paladar, buscando siempre lo más saludable, aunque se salga de los cánones establecidos. Es decir, puedes acercarte a The West End Social Eatery & Burgers, un renombrado restaurante de carnes, y disfrutar de una excelente hamburguesa elaborada con productos de calidad sin que tu dieta se vea amenazada. Lo que no puedes hacer es comer todos los días fuera de casa o ciertos platos.

Para que una dieta sea óptima, excepción del día de la hamburguesa, la pizza o el chino de la esquina, debe cumplir las siguientes características:

  • Equilibrada, con un aporte de todos los nutrientes necesarios para el organismo en la cantidad suficiente y las proporciones requeridas.
  • No es suficiente con que cubra los requerimientos de nutrientes; tiene que tener efectos positivos sobre la salud a través de la ingesta de determinados compuestos que han demostrado tener beneficios para el organismo.
  • La alimentación juega un papel importante a nivel psicológico y sociocultural, por lo que tiene que ser apetecible y cuidar los aspectos gastronómicos.
  • Económica y adaptada a las posibilidades de cada persona. Los mejores alimentos a nivel nutricional no son los más caros.
  • Segura a nivel higiénico para evitar toxiinfecciones alimentarias.

Uno de los patrones alimentarios que siempre ha sido considerado como saludable a nivel mundial es la archiconocida dieta mediterránea. Como se puede observar, se adapta en gran medida a las características de la dieta óptima. Este modelo de alimentación ha sido seguido desde tiempos remotos en todos los países que baña el mar Mediterráneo. Son muchos los estudios realizados que avalan que la dieta mediterránea destaca por su papel protector frente a determinadas enfermedades como las de origen cardiovascular, la diabetes o ciertas enfermedades degenerativas y cánceres.

La base de una buena dieta empieza por conocer los alimentos y los nutrientes que aportan. Estos nutrientes son necesarios para que el cuerpo pueda llevar a cabo sus funciones de forma adecuada. Teniendo en cuenta la función que desempeña cada nutriente en el organismo, se clasifican como sigue:

  • Nutrientes con función energética: hidratos de carbono y grasas.
  • Nutrientes con función estructural o plástica: proteínas.
  • Nutrientes con función reguladora: vitaminas y minerales.

Estos nutrientes se encuentran repartidos de forma desigual en cada uno de los alimentos, lo que hace indispensable que, para obtenerlos todos en las cantidades necesarias, la dieta los aporte incluyendo una amplia variedad de alimentos a lo largo de un mismo día. Haciendo esto, nos aseguramos de tomar todos los nutrientes necesarios.

Podemos clasificar los alimentos en función del nutriente que predomine en su composición, como vamos a exponer a continuación:

  • Lácteos y derivados son fuente de proteínas y minerales como el calcio.
  • Alimentos proteicos, entre los que se incluyen las carnes, los pescados, los huevos y los frutos secos. Estos últimos son considerados por igual fuente de grasa beneficiosa para el organismo.
  • Alimentos hidrocarbonados como los cereales y sus derivados, los tubérculos y las legumbres. Estas últimas aportan hidratos de carbono y constituyen una fuente excelente de proteína vegetal. Los cereales integrales ayudan a aumentar el contenido de fibra.
  • Verduras y hortalizas que nos aportan agua, nutrientes reguladores como vitaminas y minerales, y fibra. Contienen sustancias vegetales antioxidantes importantes para la salud.
  • Frutas, como fuente de agua, nutrientes reguladores y fibra. Como las verduras, proporcionan antioxidantes buenos para la salud.
  • Grasas, aceites y mantequillas, entre los que destaca el aceite de oliva por su papel protector en las enfermedades cardiovasculares.

Siguiendo esta lista, resulta más sencillo llevar una dieta sana y variada.

Promover una dieta saludable

La alimentación evoluciona con el paso del tiempo y viene influida por numerosos factores socioeconómicos que interactúan de forma compleja y acaban determinando los hábitos alimentarios de cada persona. Los ingresos, el precio de los alimentos, las preferencias y las creencias personales, así como las tradiciones culturales y factores geográficos y ambientales, determinan lo que comemos.

Resulta extremadamente fácil acabar comprando bollería industrial en lugar de otro tentempié debido a su menor coste. Un zumo de naranja natural cuesta como poco dos euros y tres bollos de chocolate tan solo uno. Aparte de que el bollo guste y resulte apetecible, el zumo puede resultar caro.

De ahí que establecer un entorno alimentario saludable en el que se favorezca la dieta equilibrada, diversa y saludable sea algo en lo que tienen que participar desde los gobiernos hasta el sector público y el privado. Los primeros para crear sistemas alimentarios que la población pueda adoptar y mantener.

Fomentar la demanda de alimentos y comidas saludables por parte de los consumidores con medidas como la promoción de la sensibilización de los consumidores en relación a una dieta saludable, elaborar políticas y programas escolares que permitan que los niños adopten y mantengan una dieta adecuada e impulsar intervenciones para modificar las elecciones y el contexto en el que los consumidores toman decisiones relativas a su alimentación, en particular en la manera en la que se presentan y disponen los productos o la fijación de los precios.

Resulta interesante fomentar los buenos hábitos culinarios, impartir conocimientos sobre nutrición y prácticas alimentarias saludables, tanto en los más pequeños como en adolescentes y adultos, y proporcionar asesoramiento sobre alimentación y nutrición en los centros de atención primaria.

No cabe duda de que una buena alimentación es sinónimo de salud. Proporcionar al organismo los nutrientes esenciales y necesarios para su correcto desarrollo y funcionamiento es indispensable. La mejor manera de hacerlo es obtener la información necesaria y conocer los aspectos más relevantes de la nutrición y cómo influye en el organismo.

Educar en alimentación y nutrición debería ser una prioridad por todo lo que conlleva. No solo para los adultos, sino también para los más pequeños. Conocer la composición de los alimentos, entender las etiquetas proporcionadas por los fabricantes, en las que se ofrece la composición nutricional del producto, y saber qué alimentos consumir en cada momento es algo que se aprende y, al final, se interioriza. No se trata de llevar una dieta estricta, llena de restricciones de todo tipo en la que estén prohibidos los alimentos que nos gustan. Se trata de saber qué alimentos nos benefician más y en qué momento es posible darse ese capricho y comerse la hamburguesa, el helado o una porción de tarta.

En resumen, la dieta equilibrada, la dieta optimizada o la dieta mediterránea son solo guías en las que basarse para alcanzar el punto de equilibrio nutricional adecuado para cada persona. Comer de todo en las cantidades adecuadas es lo que hace posible que la dieta sea saludable y permita disfrutar de un buen estado de salud. Darse un capricho de vez en cuando evita que se produzcan los antojos y el ansia que los acompañan, traducidos en ingestas masivas de alimentos o productos menos saludables. Una vez al año no hace daño y el resto del tiempo, comer de todo en la proporción adecuada.

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