Este es el motivo por los que grabé las copas de mi boda

boda

Me casé con mi mujer el cinco de noviembre, hace cuatro años ya. ¿Quién lo diría? Nuestra historia no ha sido como la de los demás, soy consciente de ello, pero eso no significa que no haya sido preciosa o que no merezca que la recuerde por el resto de mi vida (y, si puedo, de mi eternidad). La realidad es que la amo, la amo más de lo que he amado NUNCA a nadie, la amo más de lo que nunca podré expresar… y creo que, recordar este amor tan bonito cuando tenga 80 años y ya no pueda ni levantarme de la silla, es algo que merece la pena.

Y sí, ese el principal motivo por el que, un día, busqué ciertas empresas que graban copas, y decidí hacerlo. Me informé mucho, antes de hacerlo, porque tenía miedo de dar el paso y que se acabase rompiendo con el tiempo, pero busqué consejos antes de decidirme hacerlo. Creo que lo que me convenció fue que, desde Serijerez, empresa de serigrafía y decoración industrial en vidrio, me aconsejaron que la copa tenía que ser buena y resistente, para que dure muchos años. De esa forma, además de durar mucho más, puedes recordar ese momento con los años.

Quiero explicarte mi historia para que veas que hay leyendas que necesitan recordarse y que hay momentos que no pueden olvidarse… aunque solo sea por nosotros dos.

 

Lo nuestro NO fue amor a primera vista

Yo conocí a mi mujer cuando yo estaba en 2º de a ESO, y ella estaba en 1º de la ESO. Nos llevamos un año y pico, así que ella entró en el instituto con un año de diferencia. Ahora tenemos 36 y 35, por cierto, así que tienes que entender que ella y yo nos conocemos desde hace ya más de media vida… pero no llevamos todos esos años juntos.

Mi paso por el instituto (bueno, por toda la vida estudiantil) fue un verdadero infierno. Desde que pisé el primer colegio, en la guardería, empezaron a pegarme, a insultarme y a humillarme, incluso alumnos superiores… incluso teniendo 5, 6 o 20 años. No he tenido una infancia sencilla, no recuerdo un solo instituto donde haya tenido paz o una vida fácil… pero no tuve más remedio que seguir adelante porque, en esa época, el bullying no existía como tal. Solo eran cosas de niños, y entre niños tenía que solucionarse.

Pero jamás entenderé cómo unos adultos pueden ver ante sus ojos cómo un grupo de personas, sean de la edad que sean, pegan e insultan delante de ellos a un chico solo, y no intervienen, no hacen nada, y encima le dicen que la culpa es suya. Porque eso es lo que he escuchado toda mi vida: algo habrás hecho, siempre es a ti, ¿qué les haces?, y así mil fórmulas más de este tipo. ¿De verdad es justo que a un chico le hagan estas perrerías y que no solo no se le ayude, sino que encima se le diga que la culpa es suya?

Pues yo creí con esto y me volví retraído, callado, asocial. No quería nada con nadie, no tenía amigos y no quería tenerlos. Pero es normal, porque estas cosas las sigo arrastrando hoy día en mi vida de adulto, y todavía no sé cómo dejarlas atrás. Por favor, tened conciencia… proteger a los críos, porque ellos no saben protegerse solos.

 

¿Cómo nos conocimos?

La conocí en un curso de teatro. Ni siquiera recuerdo por qué me apunté: era en el instituto e irían muchas de las personas que me hacían la vida imposible. Entonces, ¿por qué me apunté? Todavía no lo sé, un extraño impulso que hoy agradezco.

Ella estaba allí, igual de tímida que yo, con su pelo rizado recogido en una cola que no le hacía justicia y sus enormes y preciosos ojos verdes oscuros mirando a todas partes, como si estuviese completamente fuera de lugar. Posiblemente se sentía así porque ella tampoco estaba pasando por un buen momento, ya te contaré más tarde el porqué.

La cosa es que, de entre todas las personas que estábamos allí, cuando nos pidieron ponernos por parejas… ella se vino directa hacia mí y me dijo que si quería ponerme con ella. Yo, acostumbrado a las palizas, asentí un poco inseguro, pero es lo mejor que me ha pasado en la vida, porque esa simple frase ha derivado en todo lo que hemos formado hoy en nuestra vida, y que es completamente maravilloso.

Nuestro acercamiento fue MUY lento, tanto que no empezamos a salir hasta el 2020, pese a que nos conocimos en el 2003. Nos hicimos “conocidos”, y empezamos a saludarnos por los recreos. De hecho, no nos hicimos amigos de verdad hasta que yo estuve en tercero, un año después, porque ni ella se acercaba a mí del todo ni yo me acercaba a ella del todo, más por miedo que por otra cosa.

 

Entonces, ¿cómo nos hicimos amigos? Muy fácil: me defendió

La primera persona que me defendió en mi vida, la primera persona que he visto ponerse echa una furia por mí.

En uno de los recreos me rodeó casi todo el instituto. No exagero: en el patio del colegio me vi rodeado por una marabunta de no menos de cien o doscientas personas, todas ellas riéndose, empujándome, insultándome, pegándome, jalándome de los pelos… Eso era pura rutina para mí, y sabía muy bien cómo acabaría: una paliza colectiva, y yo hablando con el psicólogo del qué había hecho yo esta vez para que me hiciesen todo ese daño. Como siempre.

Esta vez no pasó así. Ella se acercó, se metió entre toda la gente, se puso delante de mí… y explotó. Gritó como nunca he visto gritar a una persona, les exigió dejarme en paz, casi se los come, como una leona indomable que está harta de ver una injusticia. Y, sin más, me cogió de la mano y me sacó de todo el gentío a empujones y siguiendo peleándose con todo el que intentaba acercarse a mí.

Fue la primera persona que hizo algo así por mí. Mis padres no suelen meterse en este tipo de problemas, y mi hermana es más pequeña que yo y no voy a permitir que me defienda porque, si le hacen daño, entonces sí que no respondo, porque me cargo a cualquiera que le ponga un solo dedo encima. Pero ella, Irene, me defendió, me protegió, me sacó de allí…

… y me salvó.

 

Su infierno no estaba en el instituto, estaba en su casa

Nos hicimos MUY amigos: empezamos a ir al cine, a salir a tomarnos algo de vez en cuando, estábamos todo el santo día juntos… pero, aun así, no empezamos a salir hasta muchos años después. Creo que no estábamos preparados, o tal vez no fue el momento, no lo sé: lo que sí sé es que, tal y como pasó, fue precioso y maravilloso.

Descubrí que ella tenía serios problemas en su casa, y que estaba ahorrando para largarse de allí como pudiera, dando clases particulares o como surgiese. Al parecer, sus padres la maltrataban psicológicamente, y sus dos hermanos, mayores que ella, la insultaban y humillaban. Mi infierno estaba en el instituto, pero el suyo empezaba cuando llegaba a casa todos los días. Así que Dios, porque no tiene otra explicación que no ser él, unió a dos personas que lo estaban pasando realmente mal para que se apoyasen y protegiesen el uno al otro.

Cuando lo descubrí, me enfadé mucho, pero no dije ni hice nada contra ellos porque ella me lo suplicó. Lo que sí hice fue empezar a hablar con ella todos los días, a intentar convencerla de que se fuese de su casa, de que no podía seguir así, de que no podía seguir obedeciendo y haciendo todo lo que quisiesen solo porque “no se enfadasen con ella”, porque esa era su excusa. Es algo muy común en las personas maltratadas psicológicamente, no saben decir que no para que no se enfaden con ella.

Y me costó, ¿eh? Me llevé AÑOS intentando que dejase de hacerles tanto caso. De hecho, si yo me enteré de que ella recibía abusos en su casa cuando yo tenía trece años y ella doce, ella empezó a hacerme caso y a empezar a pelearse con ellos cuando tuvo los veinte. Aún con dieciocho años, sus padres le permitían salir solo de casa de 6 a 8 de la tarde, y por supuesto que ni se le ocurriese salir de la cuidad. ¿Tú ves esto normal… cuando sus hermanos, desde los 12 años, han estado casi viviendo en la calle y siendo los “malotes” de nuestro barrio?

 

La convencí para marcharse conmigo justo antes un mes del encierro del COVID

Cuando pasó lo del COVID, en 2019, teníamos veintinueve y veintiocho años. Sus padres ya no estaban juntos, se habían divorciado hace años, pero eso no disminuyó sus ataques contra ella en ningún momento, al contrario: el gaslighting, el control y los insultos seguían siendo constantes, por parte de ambos, pero ahora desde sitios diferentes, lo que lo hacía más estresante.

Ella me confió, sobre noviembre del 2018, que quería estudiar para las opocisiciones de policía y marcharse a Madrid, así que vi el momento PERFECTO para hacerlo: ¿y por qué esperar a aprobar las oposiciones? Teníamos bastante ahorrado, habíamos estado trabajando los dos desde hacía años, ella por su lado y yo por el mío. Entonces, ¿por qué esperar años a que aprobase las oposiciones, por qué no se marchaba conmigo ahora mismo?

Ella se sorprendió, porque ni siquiera se lo había planteado y le daba un miedo terrible irse de su casa. Vivía con su padre, y ya la había amenazado una vez con que, si se iba de casa, iba a quitarse de en medio, y sabíamos que era posible porque una vez ya se tomó una caja de pastillas y acabó en el hospital, así que tenía mucho miedo de dar el paso y que su padre se matase por su culpa. Ese “su culpa” tiene muchos matices, pero ella no lo comprendía.

Aun así, le dije que yo me iba a ir sí o sí, y que quería que se viniese conmigo. Ella aceptó al principio algo dudosa, y nos pusimos de meta irnos en dos meses, en enero. No iba a avisar a su padre hasta la semana antes para no poder sobre alerta a su padre y a su familia, pero yo sí que avisé a los míos. Y empezamos a prepararlo todo para marcharnos. Y, cuando más días pasaban, más ilusión le hacía y más feliz estaba. Había sido una gran idea, sin duda…

 

El COVID nos unió más que nunca

Ya sabes lo que pasó en enero del 2020: se hizo un cierre masivo obligatorio en España. Y allí estábamos los dos, recién llegados a Madrid, en una habitación pequeña, sin poder salir y sin poder hacer otra cosa que pasar el día juntos y hacer cualquier cosa.

Ella es escritora y máster de rol, y creó uno para que nos divirtiésemos durante el encierro. ¿Qué pasó? Pues que, en uno de los juegos de rol, surgió algo… picante: su personaje y el mío se quedaron a solas en un templo, y, como estaban mojados, empezaron a desnudarse… y decidieron darse algo de calor corporal. Pero esto no solo pasó en el juego… una cosa llevó a la otra y, esa noche, pasó lo que tendría que haber pasado hace ya más de 15 años: nos unimos.

Yo le prometí que nunca más iba a sufrir por culpa de su familia, y ella me dijo que yo jamás volvería a sufrir por culpa de las personas. Y lo que sentimos, lo que el COVID nos hizo… fue lo mejor que nos ha pasado en nuestra vida. Ahora estamos juntos, llevamos 6 años saliendo y 4 de casados, pero siento que era mía desde que la conocí. Y eso merece ser recordado…

 

No lo hagas por los demás, sino por ti y por tu pareja

Nuestra historia no fue como esas típicas que ves en la tele, donde el chico y la chica tienen un encuentro precioso y viven una preciosísima historia de amor: estuvo llena de conflictos, enfados, maltrato… y liberación.

Y, si eso no merece ser recordado… entonces, ya no sé qué lo merece.

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