Tengo que reconocer que al principio yo era muy reacio a todo lo que sonara a ecología. No porque estuviera en contra del planeta, ni por esas cosas del cambio climático, que es cierto que daría para otro artículo, pero sí porque pensaba que ser ecológico en casa era caro, complicado y que exigía cambiar cosas. Así de fácil.
Cada vez que escuchaba palabras como reciclaje, compostaje o consumo responsable, sentía que eso no era para mí. Yo quería vivir, pues como lo había hecho siempre, toda la vida. Tirando la basura a la misma bolsa y como mucho, porque parece que canta, tirando las botellas de vidrio al contenedor verde.
Está claro que vivía en un piso normal, trabajaba muchas horas y llegaba a casa cansado. Como puedes entender, cuidar el medio ambiente era algo lejano, casi una moda, esas cosas para los ecologistas, siempre pensaba. No me veía separando residuos ni leyendo etiquetas.
Pero poco a poco algo empezó a cambiar en mí. Fue más bien una suma de pequeños detalles. Un día me di cuenta de que tiraba mucha comida a la basura. Otro día noté que usaba demasiadas bolsas de plástico para todo. Empecé a pensar que, quizá, podía hacer algo sencillo sin que mi vida se volviera complicada.
Separar basura
El primer paso fue separar la basura, vale ya sé que es lo más básico, pero oye, por algo hay que empezar. Solo poner dos cubos en la cocina. Uno para lo orgánico y otro para el resto. Al principio me equivocaba y me daba pereza, pero en pocos días ya lo hacía sin pensar. Me sorprendió lo rápido que se vuelve costumbre algo tan simple.
Desde fuera, todo empezaba a cambiar sin darme cuenta. Mis gestos eran pequeños, pero constantes. Cerraba el grifo mientras me lavaba los dientes, que esto parece una tontería, pero es cierto que se ahorra mucho. Apagaba las luces que no usaba. Y no, no lo hacía por obligación, sino porque todo empezó a tener sentido.
Uno de los cambios más fáciles fue el uso de bolsas biodegradables. Antes siempre compraba bolsas de plástico normales. Un día probé las bolsas biodegradables de la marca Bio Plásticos Alhambra. Me gustó saber que eran compostables y que estaban fabricadas con materiales de primera calidad y de origen vegetal. No tuve que aprender nada nuevo, solo cambiar una bolsa por otra.
Estas bolsas me hicieron pensar más en lo que tiraba. Saber que la biodegradación de estos materiales depende de las condiciones a las que se expongan me ayudó a entender mejor el proceso. Generalmente, empiezan a perder propiedades a partir de un año, y su descomposición se acelera si están en un entorno de compostaje. Al final del proceso se convierten en materia orgánica que puede usarse como compost y como fertilizante agrícola. Me pareció algo lógico y útil. La verdad es que poco a poco le iba pillando ya la gracia a esto de reciclar.
Al usar esas bolsas, sentía que estaba haciendo algo bien sin esfuerzo. No tenía que gastar más tiempo ni cambiar mi rutina. Solo había tomado una decisión un poco más consciente.
Comprar con cabeza
Otro pequeño detalle fue comprar productos a granel. Empecé con arroz y legumbres. Llevaba mis propios recipientes y así evitaba envases innecesarios. No siempre lo hacía, pero cuando podía, lo hacía. Y eso ya era suficiente para mí.
También cambié algunos productos de limpieza por otros más simples. Vinagre, bicarbonato y jabón neutro. No dejé de usar todo lo demás, pero reduje bastante. La casa seguía limpia y yo me sentía mejor sabiendo que usaba menos químicos fuertes.
Desde una mirada externa, ya no era tan reacio como antes. Seguía siendo el mismo hombre, pero ahora tenía más cuidado con mis actos diarios. No hablaba de ecología todo el tiempo, solo la practicaba en silencio.
Aprendí que ser ecológico en casa no es ser perfecto. Es ser consciente. Es apagar una luz, reutilizar un frasco, elegir una bolsa compostable. Son decisiones pequeñas que, juntas, hacen una diferencia.
Hoy puedo decir que ser ecológico es fácil cuando se empieza por lo sencillo. No cambié mi vida de golpe, solo cambié algunos hábitos. Y eso fue suficiente para que mi forma de ver las cosas también cambiara. Ahora sé que cuidar el planeta también se hace desde casa, con pequeños detalles, todos los días. Y si un día decido ser padre, tengo claro que desde el primer momento voy a intentar